Hace ya tiempo que el efecto centrífugo de la gran ciudad, lanzó a esta pareja a la isla de Mallorca.

Fue entonces cuando empezaron a tener verdadero sentido las cosas pequeñas.

Comenzaron a alimentar de forma saludable esa vocecita interior que les pedía ir más despacio o ser menos sofisticados. Comprendieron que eran afortunados y que era imprescindible devolver el favor a la Tierra y pusieron en marcha proyectos socialmente comprometidos y medioambientalmente respetuosos.


Tratan de ser claros y concisos. Son conscientes de la importancia de las ideas.

Saben que somos responsables de nuestro estado de ánimo.

Afirman que el arte crea inquietud y conquista emociones y que sólo las emociones nos llevan a la acción.


Dejaron su corazón en la isla que les despertó y prometieron volver o volar más lejos.


De vuelta en la ciudad, su mayor reto es conservar esos valores que les hacen palpitar y saber transmitirlos en cada proyecto.


Dicen que están en el mejor momento de sus vidas.

A ver si van a tener razón.